Milton Friedman


I believe this was my first meeting with Milton Friedman, in 1980?  Can someone guess the dialogue?  "can't you see that monetary expansion affects prices in a non-neutral fashion?" . . ."who me?"


















A tribute to the Friedman's philanthropic efforts (in Spanish)  

LA NACION LINE | 17.12.98 | Opinion

La educación frente a nuevos desafíos
De las palabras a los hechos
Por Alejandro A. Chafuen
Para La Nación
WASHINGTON.- Se habla de que el gran problema de América latina hoy es la falta de reformas "de segunda generación": reformas en los sectores de educación, salud y justicia. Programas de reforma no faltan. Lo que falta son programas basados en el respeto a la libertad personal.

Así como los mercados financieros se mueven más rápidamente que las burocracias, lo mismo está sucediendo en el mercado educativo. Hace unos pocos meses, la revista Newsweek dedicó su nota de tapa al tema de la educación primaria y secundaria doméstica. Mientras que los expertos y burócratas discuten cómo reformar la educación, más de un millón de niños, "rescatados" de las escuelas públicas, están siendo educados por sus padres. No porque éstos tengan la vocación de maestros de tiempo completo, sino porque no pueden soportar la pésima enseñanza que brindan los colegios públicos en los Estados Unidos. La revista dominical de The New York Times también dedicó su nota de tapa al tema de la libertad educativa (school choice).

El economista educador

Muchos conocen a Milton Friedman como economista (Premio Nobel 1976), maestro y defensor del mercado libre. Pocos saben que al cumplir ochenta años Milton y Rose Friedman decidieron destinar todos sus ahorros, una considerable fortuna, a crear una fundación para mejorar la enseñanza primaria y secundaria en los Estados Unidos. Menos aún saben que, en un principio, los Friedman querían utilizar su dinero para ayudar a los huérfanos de las guerras civiles en la ex Yugoslavia.

Según los Friedman, esta fundación "es la culminación de lo que ha sido una de nuestras mayores preocupaciones en estas últimas cuatro décadas: mejorar la calidad de la educación y hacerla accesible a niños de todas las clases sociales y niveles de ingreso de nuestro país, ya sea impartida por el gobierno, por escuelas privadas o en el hogar". Muchos son los críticos de la Escuela de Chicago que constantemente hablan de la necesidad de mejorar la educación pública. La única solución que brindan es la de aumentar los impuestos para pagar más a los docentes. Los Friedman apoyan sus palabras con dinero de sus propios bolsillos.

Esta, que es quizá la última gran aventura del famoso economista, es también la más difícil. Hace unos días, al llegar a una conferencia organizada por su fundación, grupos de manifestantes lo recibieron con un pastelazo en la cara. ¿Cuál es el pecado de Friedman? Proponer que los fondos públicos destinados a la educación se otorguen directamente a los padres en lugar de a la burocracia. Desde luego que las burocracias educativas y los sindicatos que la sustentan ven esta reforma como una amenaza.

Quizá lo que más motiva en los Estados Unidos a los partidarios de la libertad de elegir es que los sectores más pobres y las minorías hispánicas y de color son los que más apoyan reformas educativas. Encuestas recientes indican que el 70 por ciento de los más pobres dentro de la comunidad afroamericana y el 64 por ciento de los hispanos están de acuerdo con estos cambios en la forma de financiar la educación pública. Pocos de ellos tienen la posibilidad de elegir escuelas privadas. Pese a que el 89 por ciento de los alumnos asisten a escuelas estatales, Bill Clinton, Al Gore, todos los legisladores y la abrumadora mayoría de los maestros de escuelas públicas, han elegido colegios privados para sus niños. Les niegan, sin embargo, esa alternativa a los menos pudientes.

Batallas electorales

¿Cómo romper la barrera interpuesta por los millones de dólares de los sindicatos? Como en toda batalla, incluso las que nuestros chicos dan en sus juegos electrónicos, es imposible eliminar al enemigo final con una sola bala. Hay que corroer de a poco sus soportes. Las batallas electorales y de políticas públicas son aún más difíciles. No están basadas en las elegantes funciones matemáticas de los programas que hacen funcionar los juegos de computación. Estas batallas dependen del esfuerzo de cada uno de nosotros, trabajando de distinta manera para aumentar las opciones de excelencia educativa para nuestros hijos y los de nuestro prójimo.

En los Estados Unidos tanto los demócratas como los republicanos responden en las encuestas que la educación es el tema que más les preocupa. El deseo típico de la mayoría es tener clases con menos alumnos, más maestros y más disciplina. Piensan que la única manera de lograr esto es con más dinero. Dinero que, por lo general, proviene de los impuestos a la propiedad que cobran los municipios. El promedio de gasto por alumno va de 4000 a 10.000 dólares, con cifras que varían de un estado a otro. No existe correlación significativa entre gasto y excelencia educativa.

Cuando Larry Summers, el subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, anunció la intención de los organismos internacionales de apoyar reformas educativas en América latina, subrayó que gastar más fondos públicos en educación no siempre es la solución. Dio el ejemplo de los Estados Unidos, donde el gasto per cápita se duplicó en las últimas dos décadas, a pesar de lo cual la calidad de la educación está en constante caída.

Estado y escuela

Muchos de los grupos políticos interesados en la educación estatal buscan canalizar fondos públicos para difundir en las escuelas estatales sus ideologías predilectas, de izquierda o de derecha. Cuando se fundó esta república, el tema que más preocupaba a los ciudadanos era el religioso. Las posiciones en materia de educación estaban más enfrentadas que hoy. Fue solamente la separación constitucional de Iglesia y Estado lo que permitió la convivencia y el progreso de gente de tendencia tan diversa. Ahora existe un movimiento nacional para obligar a una similar separación entre Estado y educación. Para ellos las propuestas de Friedman pueden ser catalogadas de socialistas. ¿Acaso no sería ésa nuestra reacción si alguien propusiera solucionar el problema de la nutrición ofreciendo a toda la población vales gubernamentales para la compra de alimentos? Otros las consideran conservadoras.

Poco les molestan las críticas y los pasteles en la cara a estos pequeños gigantes intelectuales. Los Friedman saben que tienen enfrente una industria socializada en un 90 por ciento y apuestan a que el cambio pueda hacerse en forma gradual. Podemos dudar de si la estrategia de los bonos escuela o vouchers es la que más rápidamente avanzará hacia la liberación educacional. Lo que es indudable es que las propuestas de Friedman dan más poder de decisión a los padres que a los burócratas. En el año que celebramos el quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la labor de Friedman es un gran soporte para hacer realidad el descuidado principio del artículo 26: "los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".

La segunda generación de reformas en América latina va a necesitar de personas de gran integridad que emulen la "conversión" de los Friedman. Ayer como economistas exitosos y hoy como filántropos, espero que su ejemplo cunda en nuestros países.

El autor es miembro del Hispanic American Center for Economic Research (Hacer).

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